Nerea Torres fundó EJE&CON con una certeza y una duda. La certeza: que hacía falta otra manera de entender el liderazgo, el talento y la diversidad. La duda: si alguien más lo vería. Once años después, la respuesta la dan 2.500 socios; pero ella, curiosamente, prefiere no hablar de cifras. Habla de esencia, de relevo, de puentes. De una asociación que quiso ser «de propuesta, no de protesta» y que blindó en sus estatutos algo insólito: que ningún liderazgo durara para siempre, porque «las personas pasan y las instituciones permanecen».

En esta conversación, la primera presidenta —hoy Presidenta de Honor— vuelve la vista a aquellos comienzos. Reivindica lo que defendería con más fuerza que entonces, admite lo que hoy haría distinto y se atreve con la pregunta más difícil de todas: qué causa reclamaría su energía el día en que el talento sin género ni generación deje, por fin, de ser una aspiración.

  1. Han pasado varios años y varias presidencias desde que abriste el camino. Si pudieras sentarte con la Nerea que fundó EJE&CON, ¿qué le dirías que no imaginó que iba a pasar?

Le diría que todas aquellas expectativas y aquella ilusión con las que nació EJE&CON acabarían cumpliéndose, incluso mucho antes de lo que pensábamos.

Cuando fundamos la asociación estábamos convencidas de que existía una necesidad real y de que podíamos contribuir a impulsar una forma diferente de entender el liderazgo, el talento y la diversidad. Pero no imaginábamos hasta qué punto esa visión iba a conectar con tantas personas. En pocos años superamos los 1.000 socios y, cuando finalicé mi mandato, EJE&CON ya había alcanzado los 1.400 socios, una cifra extraordinaria en tan breve espacio de tiempo. Hoy la asociación sigue creciendo y ya supera los 2.500 socios.

Sin embargo, si soy sincera, no son las cifras lo que más satisfacción me produce. Siempre hemos querido poner más el acento en la calidad que en la cantidad. El crecimiento es importante, pero no deja de ser un KPI más. Lo verdaderamente relevante es haber construido una asociación capaz de mantener un éxito sostenido en el tiempo, con una reputación sólida, respetada y reconocida. Una asociación que, con apenas once años de vida, se ha convertido en un referente en España y que sigue atrayendo a líderes comprometidos con sus valores y su propósito. Me produce una especial satisfacción comprobar el anhelo con el que muchos directivos de nuestro país desean incorporarse a su membresía.

La verdadera satisfacción es comprobar que EJE&CON ha sabido preservar su esencia, mantener vivo su propósito y consolidarse como una organización sostenible. Porque el éxito de una asociación no se mide únicamente por su crecimiento, sino por su capacidad para seguir siendo relevante, influyente y admirada a lo largo del tiempo. Y precisamente eso es lo que veo hoy.

 

  1. ¿Qué es lo que hoy ves en la asociación que reconoces como una semilla tuya, y qué es lo que ya no reconoces —para bien o para mal?

Afortunadamente, sigo reconociendo a la asociación que fundamos.

Y creo que eso tiene mucho mérito porque han pasado muchos años y varias presidencias. Sin embargo, la esencia y los valores fundacionales permanecen. Sigue siendo una asociación comprometida con el talento, la meritocracia, la diversidad y un modelo de liderazgo inclusivo y constructivo. Desde el principio quisimos que EJE&CON fuera una asociación de propuesta, no de protesta. Una asociación capaz de construir puentes, generar diálogo y aportar soluciones. Y me alegra comprobar que ese espíritu sigue plenamente vigente.

Si hay una semilla de la que me siento especialmente orgullosa es haber contribuido a establecer una cultura en la que la continuidad de los valores convive con la renovación del liderazgo. Siempre creí que el relevo era fundamental y por eso promovimos desde el inicio la limitación de mandatos en los estatutos. Era una decisión poco habitual en muchas asociaciones, donde a veces existe el riesgo de confundir la presidencia con la propia identidad de la organización. Mi convicción siempre ha sido la contraria: las personas pasan; las instituciones permanecen. Cada presidente o presidenta debe poder aportar su visión, su energía y su estilo de liderazgo, manteniendo vivo el propósito común.

 

  1. Ser la primera siempre implica inventar sin mapa. ¿Qué decisión de aquellos primeros años defenderías hoy con más convicción que entonces, y cuál cambiarías si pudieras volver atrás?

Defendería aún más la apuesta por un mensaje inclusivo. Desde el principio entendimos que esto no iba de mujeres contra hombres, sino de construir organizaciones mejores para todos. Esa visión nos permitió sumar apoyos muy diversos y generar consensos donde otros veían confrontación.

¿Y qué cambiaría? Probablemente habría dedicado más tiempo a construir estructuras y procesos para facilitar el crecimiento futuro. Cuando una organización nace, toda la energía se concentra en arrancar, pero hay otro reto que viene a continuación: cómo garantizar su sostenibilidad cuando los fundadores ya no están en primera línea.

 

  1. Como presidenta de honor, ¿qué papel te reservas ahora: el de guardiana de la memoria, el de consejera discreta, el de voz crítica cuando hace falta?

Probablemente un poco de todo.

Me siento responsable de preservar la memoria y el espíritu con el que nació EJE&CON, de aportar experiencia cuando pueda ser útil y, si en algún momento es necesario, de ofrecer una opinión honesta desde el cariño y el compromiso con la asociación. Pero también creo que las organizaciones necesitan evolucionar y encontrar continuamente nuevas formas de responder a los retos de cada momento. Por eso considero tan importante respetar el espacio y la responsabilidad de quienes tienen hoy el liderazgo.

Creo profundamente en el relevo y en la fortaleza de las instituciones que saben renovarse sin perder su esencia. Mi papel como presidenta de honor y fundadora es contribuir a ese equilibrio.

 

  1. Marisa lleva un año en la presidencia. ¿Qué consejo le diste —o te hubiera gustado darle— que solo alguien que ha estado en su silla puede dar?

Le hablé de la importancia de cuidar y fortalecer aquello que siempre ha hecho especial a EJE&CON: su capacidad para unir. En cualquier organización es natural que existan opiniones distintas, sensibilidades diferentes y perspectivas diversas. De hecho, creo que esa diversidad es positiva y enriquecedora. El reto del liderazgo no consiste en eliminar las diferencias, sino en hacer la magia de encontrar puntos de encuentro sin borrar ni excluir aquello que nos hace distintos.

EJE&CON ha llegado hasta aquí gracias al compromiso, la generosidad y la colaboración de muchas personas que han dedicado su tiempo y su energía a una causa compartida. Creo que esa cultura de generosidad sigue siendo uno de nuestros mayores activos y una de las razones de su éxito. Las asociaciones más sólidas no son las que piensan siempre igual, sino las que saben construir alianzas duraderas alrededor de un propósito común.

Al final, siempre he creído que las personas pasan y las instituciones permanecen. Por eso, una de las principales responsabilidades de quienes fundamos un proyecto consiste en dejar una organización preparada para seguir creciendo, renovándose y evolucionando más allá de nosotros mismos.

 

  1. Si el talento sin género y sin generación fuera algún día una realidad plena, ¿qué harías tú entonces? ¿Qué causa reclamaría tu energía?

No sé si hablaría de una igualdad plena, porque no creo que el objetivo deba ser una igualdad matemáticamente perfecta, sino un equilibrio que garantice que el talento pueda desarrollarse independientemente del género o la edad. Incluso escenarios 60-40 (en una dirección u otra) podrían ser suficientes si reflejan una representación natural del talento disponible.

Lo comentaba antes, los KPIs son una referencia para medir el progreso, pero no el fin último. Alcanzado un cierto equilibrio, el foco debe pasar de lo cuantitativo a lo cualitativo: más mujeres como CEOs y Presidentas, más diversidad en los Comités de Dirección y una extensión real de estos avances a las pymes.

Y si llegáramos a ese punto, seguiría dedicando mi energía a otro gran desafío: ayudar a construir organizaciones más humanas y competitivas, capaces de afrontar transformaciones como la inteligencia artificial, la digitalización o la sostenibilidad sin perder nunca de vista a las personas.