El 16 de septiembre, la sede de María de Molina de ESCP Business School colgó el cartel de «aforo completo» antes de arrancar la primera sesión presencial de la tercera edición de #Aquí Están Ellas, el programa de EJE&CON que conecta el talento femenino con oportunidades reales de visibilidad. Asistimos unas cien mujeres, y no todas de Madrid: hubo quien vino especialmente desde Galicia, Valencia y Cataluña solo para esa tarde. Tuvieron que abrir una opción de streaming para las que se quedaron en la puerta. Si esto es lo que pasa el primer día, el resto del curso promete.

Abrieron la tarde Lidia Zommer, directora del programa, y Mercedes Wullich.

Mercedes habló de Virginia Woolf y de su habitación con llave: la idea de que pensar y escribir sin pedir permiso a nadie exige un espacio y dinero propios. En el ensayo, esa independencia le llega a la protagonista por herencia, de una tía. Lidia recogió el hilo y lo giró hacia otro sitio: no hay que esperar una herencia para ganarse esa habitación. Se construye con una carrera pensada para eso, no con la suerte de a quién le tocó de familia.

De ahí pasó a la idea que va a atravesar los próximos nueve meses: pasar de la visibilidad a la elegibilidad. Durante dos ediciones, el programa trabajó para que nos vieran. Esta trabaja algo más difícil de conseguir: que nos elijan. Porque ser vista te pone en el radar, pero ser elegida significa que alguien piense en ti cuando tiene delante un problema concreto, con nombre y apellido, y compites por ese hueco contra alternativas reales, no contra el vacío.

Entender la diferencia es el primer paso. Construirla de forma activa, sin esperar a que alguien te encuentre, fue el resto de la charla.

Elegibilidad, insistió, se construye activamente: trabajando para que quien tiene que escoger a una profesional entienda con claridad qué le aportas, en los términos que le importan a esa persona, no en los que a ti te resultan más convenientes de contar.

Y me llevo dos cosas a la vez: lo que se dijo desde el atril y el rato de networking con el que cerramos, con esas conversaciones que solo pasan cuando compartes sala con gente en una situación parecida a la tuya.

Queda un recorrido largo por delante: de septiembre a junio, con tres encuentros presenciales más y dieciocho online, terminando con un plan de elegibilidad a doce meses vista.

Detrás de este ambicioso programa, las facilitadoras que irán dando sesión a sesión:

Almudena Alonso, Begoña Araez, Eva Bruch, Almudena Díez, Gema Fernández Sanz, Marian Gómez-Campoy, Alba Labarca, Beril Levy, José María Palomares, Blanca Rodríguez Lainz, Valeria Sánchez, Sarah Jane Seatherton, Verónica Thavonat, Mercedes Wullich y, como directora del programa, Lidia Zommer.

Es pronto para sacar conclusiones del curso completo, pero de la primera tarde me llevo una certeza y una pregunta. La certeza es que la sala llena no fue casualidad: hay una necesidad real detrás de esto, y llegaba con retraso. La pregunta me la voy a hacer todo el año, y sospecho que no voy a ser la única: no cuánta gente me ve, sino a cuántas de nosotras eligen cuando de verdad hay algo en juego.