EJE&CON analiza el papel de los Consejos ante el relevo generacional en una nueva edición de Dinner on Board

¿Debe el relevo generacional dejar de entenderse como un proceso sucesorio para convertirse en una prioridad estratégica del Consejo? Esta fue la pregunta que centró la XVI edición de los Dinner on Board, el ciclo de encuentros del programa Consejeros de EJE&CON, celebrado ayer en el Círculo Ecuestre de Barcelona.

Moderado por Isabel Nogueroles, el encuentro reunió a Judith Viader, CEO de Frit Ravich; Ezequiel Giró, presidente del Consejo de Grup Giró; y Leonard Gramona, miembro de la sexta generación de la familia propietaria de Gramona, quienes compartieron su experiencia sobre cómo preparar la continuidad de la empresa familiar desde la gobernanza, la cultura y el liderazgo compartido.

Como punto de partida, Isabel Nogueroles recordó la relevancia de la empresa familiar en Cataluña, donde representa el 92,3% del tejido empresarial, genera el 76,9% del empleo privado y aporta el 70,3% del Valor Añadido Bruto. Sin embargo, advirtió que cerca del 70% de las empresas familiares todavía no dispone de un plan de sucesión ni de un modelo formal de gobernanza familiar, mientras que el 54% de los CEOs y/ó propietarios de las pymes familiares supera los 60 años, lo que anticipa una intensa ola de relevos durante los próximos años.

Los participantes coincidieron en que este desafío trasciende a las grandes compañías y afecta especialmente al corazón del tejido productivo catalán —agricultura, comercio de proximidad, industria familiar, transporte, hostelería y empresas de oficios—, sectores que combinan una elevada edad de sus líderes con crecientes dificultades para encontrar continuidad.

Para Judith Viader, el éxito del relevo depende, en gran medida, de la capacidad de las familias para mantener conversaciones difíciles con tiempo suficiente. Defendió la importancia de la generosidad entre generaciones, de separar los espacios de familia y empresa y de afrontar las decisiones cuando corresponde, evitando que los problemas se cronifiquen y condicionen el futuro de la organización.

Ezequiel Giró puso el acento en la gobernanza como mecanismo para proteger el proyecto común frente a intereses particulares. Reivindicó el valor del protocolo familiar, de unos criterios compartidos y de órganos de gobierno sólidos que permitan construir consensos amplios y mantener alineada a la propiedad a medida que evolucionan las generaciones. Recordó, además, que esta alineación debe trabajarse de forma continua, porque las necesidades y expectativas de la empresa y la familia cambian con el tiempo.

Por su parte, Leonard Gramona destacó que la cultura constituye uno de los principales activos de una empresa familiar. Apostó por profesionalizar la organización, proteger siempre el interés de la empresa y favorecer la incorporación de las nuevas generaciones como motor de innovación, preservando al mismo tiempo la identidad y el arraigo que diferencian a las empresas familiares de largo recorrido.

Durante el debate también se abordó la necesidad de preparar el relevo de forma integral, tanto en la dirección ejecutiva como en la propiedad y en la familia empresaria. Los participantes coincidieron en que la convivencia entre generaciones dentro de los órganos de gobierno no surge de forma espontánea y requiere planificación, transparencia y reglas claras. Asimismo, defendieron la importancia de facilitar una participación progresiva de las nuevas generaciones y de articular mecanismos que permitan mantener una propiedad comprometida y alineada con el proyecto común.

Otro de los aspectos destacados fue la necesidad de reforzar la calidad de la información que reciben los Consejos, definir procesos ordenados de transición entre el líder saliente y el entrante y fortalecer órganos como el Consejo de Familia para acompañar la evolución del proyecto empresarial y patrimonial.

Como cierre del encuentro, Isabel Nogueroles destacó que el relevo generacional constituye uno de los momentos más trascendentes en la vida de una empresa familiar, porque es cuando realmente se pone a prueba la continuidad del proyecto compartido. «En un relevo no solo se transmite un patrimonio o un negocio; también se transmiten valores, cultura, responsabilidad y propósito». Añadió que estos procesos representan una oportunidad para redefinir los roles entre generaciones, fortalecer el diálogo intergeneracional, profesionalizar la toma de decisiones y evolucionar desde liderazgos personales hacia modelos de gobernanza compartida capaces de integrar tradición e innovación.

Los participantes coincidieron en que los órganos de gobierno deben asumir un papel protagonista en este proceso. Más allá de supervisar la gestión, el Consejo está llamado a anticipar el relevo, impulsar las conversaciones necesarias, garantizar que las decisiones se adopten con criterios objetivos y visión de largo plazo, velar por el equilibrio entre familia, propiedad y empresa, y asegurar que la continuidad del proyecto prevalezca sobre los intereses individuales. Un Consejo profesional, diverso y preparado no solo reduce los riesgos asociados al relevo generacional, sino que se convierte en uno de los principales garantes del legado, la cohesión familiar y la creación de valor para las futuras generaciones.

Muchísimas gracias a los ponentes y moderadora por su generosidad e inspiración y, a todos los participantes, por su contribución a esta enriquecedora conversación.