En el primer cumpleaños del Código de buen Gobierno Corporativo, aprobado en febrero del 2015, el entorno volátil, inseguro y complejo en el que nos movemos y gestionamos, nos lleva a plantearnos qué requiere de los directivos este Código, cómo se va aplicando, y, en mi caso también, preguntarme qué nos plantea a las mujeres.
Hace tiempo que buscamos conseguir un “responsible business” cuya esencia debería ser tomar las decisiones enfocadas y centradas en las personas porque el negocio más responsable es el que las sitúa en el centro de cualquier decisión en la compañía.
Los empleados, accionistas, clientes y proveedores cada vez valoran más el comportamiento ético y responsable de las compañías y en ese sentido creo que apostar por la diversidad para apoyar el talento sin género y aumentar el número de mujeres en los puestos de responsabilidad encaja de lleno con lo que los grupos de interés buscan en un gobierno corporativo. Añadir el valor del trabajo de las mujeres al negocio será siempre una clave bien valorada.
Demostrada y contabilizada ya la fuerza económica de las mujeres en el mundo económico y empresarial, como comentamos en el post de Womenomics, así como que nadie quiere perder esa riqueza que produce la mitad de la población, la presencia en los Consejos de Administración de un mayor número de mujeres repercute también en el buen gobierno corporativo de cualquier compañía.
El último Código de Gobierno Corporativo incluye la conveniencia de elegir consejeros realmente independientes, y añadiría que no tiene sentido consejeros que no hayan asumido ya una transformación y conocimientos digitales; fomenta la transparencia que va a permitir a los accionistas un control realista; menciona la conveniencia de la rotación como muchas voces empresariales advierten últimamente; y pide una mayor diversidad. En el horizonte del año 2020, es decir a la vuelta de la esquina, según este Código, al menos el 30% de los consejeros deben ser mujeres y, por el momento, las cifras no nos acompañan mucho si tenemos en cuenta que eran un 11% en 2009 y un 16% en el 2013, porcentaje que parece estancado aunque asciende a un 18% en las grandes empresas del IBEX.
Aportamos la mitad del talento del mercado que ninguna compañía puede desaprovechar. Así que la diversidad, en realidad, es una cuestión de negocio, no de igualdad y el buen gobierno corporativo debería apostar por nuestra productividad, riqueza y también nuestro liderazgo. De nosotras se puede esperar muchas cosas en la gestión y en el buen gobierno corporativo pero creo que, además de exigentes y reivindicativas, deberíamos plantearnos ser proactivas en la relación con las empresas para que nuestra conciliación se facilite con naturalidad. Tenemos que aportar nuestra visión de la eficacia, de la organización del tiempo, de la comunicación y contar con la tecnología en ese camino. Leo una cita de la antigua ministra de la mujer en Chile, Carolina Schmidt, quien hablaba de las organizaciones bilingües: las que tienen un lenguaje masculino y femenino (no inglés y castellano) y ya he escrito en otra ocasión sobre la importancia de las nuevas formas de comunicación, como la basada en el conocimiento de big data, que se abren paso en las compañías para aumentar la eficacia y productividad. Quizá ese doble lenguaje ayude a interiorizar la diversidad.
